Mi cita, mi destino

Hace poco, en la página Subcultura, propusieron un concurso de relatos cortos. No podían tener más de 500 palabras, debía empezar con la frase: “Era una noche oscura y tormentosa” y el tema (en mi duelo) debía ser el de “primera cita”  (el título de mi relato lo puso el que llevaba el hilo del concurso, pues yo me olvidé de ponerle un título…. ¡Menuda escritora! XD) . Y aquí os dejo dicho relato. ¡Espero que os guste! 

Era una noche oscura y tormentosa, aún así, a pesar de que no me gustaba el frío y mucho menos los truenos que resonaban incesantes, salí de casa.

Según daba un paso tras otro, cada vez me arrepentía más de haber puesto un pie en la calle, pero no tenía otra, debía continuar. Las piernas me temblaban sin que apenas pudiera controlarlas, quería creer que era el frío calándome hasta los huesos, pero mucho me temía que era el miedo apoderándose de mi cuerpo.

La calle estaba desierta, todos habían hecho bien huyendo de la lluvia, todos menos mi persona, que parecía empeñada en continuar adelante a pesar de que el mundo me gritaba lo contrario. El corazón me palpitaba con tanta intensidad que era el único sonido que podía escuchar. Al principio era un compás rítmico y pausado, al continuar mi camino se convirtió en un retumbar casi molesto, y ahora que ya estaba a punto de llegar a mi destino repicaba a tal velocidad que resultaba doloroso.

Me pasé las manos por el pantalón, intentando secarlas, aunque parecía más bien un gesto impulsivo realizado por alguien al que le iba a dar un ataque de nervios.

Otro rayo. Esta vez me pilló tan desprevenido que pegué un grito cual quinceañera asustada. Si mi madre me viera… Empapado. Nervioso. Aterrorizado…

Tomé aire con fuerza, no había nada que temer, pronto llegaría a mi destino y todo estaría bien. ¿Verdad? ¿O no? Llevándole la contraria a mi súplica formulada al vacío, una altísima sombra se proyectó ante mí. El hecho de que no pudiera verle la cara hizo que un escalofrío me recorriera de pies a cabeza, parecía un fantasma, encapuchado y sigiloso. Igual que las muertes que se representan en las películas. Además, parecía estar en el paraje adecuado para que sucediera algo así.

Mi primer instinto fue salir corriendo, pero no, me quedé allí. Me habría gustado decir que me mantuve en mi puesto haciendo alarde de mi valentía, cuando la triste realidad, fue que estaba tan nervioso que mis piernas no respondieron el impulso primario de supervivencia.

Todo en mí temblaba, incluso las gafas que se me habían escurrido hasta la punta de la nariz. Dando pasos lentos, esa misteriosa figura se aproximó hacia mí antes de que yo moviera algún músculo. Por mi parte tenía la vista fija en el suelo, aterrorizado. Cuando ya estaba tan próximo a mí que veía sus pies, alcé lentamente la cabeza hasta que mis ojos oscuros se cruzaron con los suyos, intensamente verdes, que tenía ante mí. Ya había dado el primer paso, no había marcha atrás, era mi destino, mi cita. Mi primera cita con otro chico.

Según me sonrió sentí que todos mis nervios y mi miedo desaparecieron. Ni siquiera entendía por qué había dudado tanto. En ese momento lo supe, había acertado saliendo esa noche oscura y tormentosa.

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